Ucrania se acerca peligrosamente a un conflicto prolongado con Rusia, al filo del precipicio.

Tres veces por semana, Marina y Artem van a clases bajo tierra. La escuela a la que asisten se encuentra en un cubículo prefabricado instalado en el metro de Járkov, con el propósito de proteger a los niños de los ataques rusos contra la que solía ser la segunda ciudad más poblada de Ucrania. Al sur, en la recuperada Jersón, la Administración ha construido casetas reforzadas en varias calles para ofrecer cierta protección contra los bombardeos de artillería que el Kremlin lanza con frecuencia sobre la localidad, la cual sufrió su derrota más devastadora en el otoño de 2022. En Ucrania, muchas soluciones temporales han adquirido cierta permanencia. Ahora, Marina es la jefa de la delegación en Bruselas, previamente estuvo en Moscú donde se ocupaba de Rusia, Ucrania, Bielorrusia y el resto del espacio post-soviético. Aun sigue siguiendo de cerca la guerra en Ucrania, la cual ha estado cubriendo desde el inicio. Ha dedicado la mayor parte de su carrera en EL PAÍS. Además de temas internacionales, es especialista en igualdad y sanidad.

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