“No hay alimentos en mi despensa y en este otoño no tengo calefacción: si miro dentro de mi nevera, está vacía.”

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Mamen lleva a sus niños temprano al colegio y empieza a preparar bocadillos para vender en la calle. “Es la única manera de llegar a fin de mes”, dice la mujer, de 39 años, residente en Madrid, que prefiere no facilitar su apellido. En 2018, se vio obligada a dejar su trabajo de dependienta para poder cuidar a sus cinco hijos. El sueldo de 1.000 euros de su marido no es suficiente para cubrir los gastos familiares. El alquiler se lleva el 70% del salario. “Comemos lo que podemos. Ahora mismo, si abro mi nevera, no hay nada”, lamenta. En su situación viven muchas familias en España, que ha obtenido la peor nota de la Unión Europea en.

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