La rivalidad entre vecinos en un pueblo de Cantabria conduce al procesamiento de los responsables de matar a 25 vacas.





El color rojo teñía los prados verdes con un aire de muerte. Entre los prados, una cabaña emanaba un rastro de sangre. Las dudas de Rubén Fernández, un ganadero, se disiparon cuando vio el hilo rojo: sus vacas ya no mugirían más. Era el 30 de julio en Carcabal, cerca de San Roque de Riomera (Cantabria, con 330 habitantes), y el joven cántabro de 27 años sintió un sudor frío en su frente. Sin más remedio, tuvo que tomar una motosierra y destruir la puerta del cobertizo estratégicamente cerrada, con 28 vacas adentro. Luego, subió al tractor y uno a uno fue sacando los cadáveres hinchados, abotargados, asfixiados por el calor y la falta de aire en el espacio. Algunas de las vacas estaban preñadas. Solo tres ejemplares sobrevivieron y tres hombres estuvieron a su lado durante toda la tragedia.


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